
Los blancos matices que difuminaban la vista en tan extenso campo, durante las cuatro semanas incomunicadas que Ella pasó con su madre, fueron duros, y para un perfil de clase alta, acostumbrada a una vida cómoda, satisfecha y elegante, un invierno campestre de tal magnitud lo es el doble; debe prender chimeneas, a pesar de que no calienten adecuadamente la casa; debe cuidar las gallinas de bestias salvajes que irrumpen miedo y desconfianza, preocuparse de los quehaceres de la casa en condiciones climáticas deplorables. Aún es estos casos, Ella Brunswick, aliviada con el pensamiento de que su situación no es la peor, encarna un pensamiento positivo ejemplar. Si bien sus raíces apuntan a un estilo diferente de vida, logra relucir por entre las tibias brazas de un invierno, el mejor aspecto.
Por otro lado, se denota en esta carta escrita a su madre el 23 de septiembre de 1923, una clara importancia a la familia. Constantemente la joven alemana alude a sus hijas; en qué situación se encuentran con todo lo que está pasando, y mantiene a su progenitora al tanto de lo que hacen, cómo se entretienen, y lo bien que se hallan. Relata que las niñas se divierten patinando sobre hielo, y que juegan en un rincón sin manifestar quejas. Dice también, que “se han adaptado totalmente a esta vida, aprendieron muy pronto a hacer fuego”, con lo que nos damos cuenta que las pequeñas viven bien, tranquilas. Ella les enseña, y cree que este aspecto es muy importante. De alguna manera aquí se reluce la personalidad instruida y cultural que posee la madre, proveniente de una clase privilegiada, al darse cuenta de la relevancia que posee, a pesar de las inhóspitas circunstancias, que las niñas aprendan. Asegura que ello prevalecerá, diciendo "Por ahora las gemelas han de permanecer alfabetas, (...) pero esta situación mejorará".
Por otro lado, se denota en esta carta escrita a su madre el 23 de septiembre de 1923, una clara importancia a la familia. Constantemente la joven alemana alude a sus hijas; en qué situación se encuentran con todo lo que está pasando, y mantiene a su progenitora al tanto de lo que hacen, cómo se entretienen, y lo bien que se hallan. Relata que las niñas se divierten patinando sobre hielo, y que juegan en un rincón sin manifestar quejas. Dice también, que “se han adaptado totalmente a esta vida, aprendieron muy pronto a hacer fuego”, con lo que nos damos cuenta que las pequeñas viven bien, tranquilas. Ella les enseña, y cree que este aspecto es muy importante. De alguna manera aquí se reluce la personalidad instruida y cultural que posee la madre, proveniente de una clase privilegiada, al darse cuenta de la relevancia que posee, a pesar de las inhóspitas circunstancias, que las niñas aprendan. Asegura que ello prevalecerá, diciendo "Por ahora las gemelas han de permanecer alfabetas, (...) pero esta situación mejorará".
1 comentario:
querida Filio:
Còmo es posible que siendo tan bueno tu blog y tus escrituras, nadie te opine. YO TE OPINO!
TE AMO FILIO!!
skok.
www.lineasdecolores.blogspot.com
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