miércoles, 7 de mayo de 2008

Allá en Papudo

Miércoles, 30 de abril del 2008

Querido Diario:

Las ocasiones que tengo para escribirte son pocas. Ello me molesta profundamente, pues, de alguna manera, quedo encausada por mi propia conciencia de no relatarle los hechos más desérticos y más sobresalientes de mi poco importante acontecer de vida. De modo que, cuanto más encuentro la oportunidad de garabatearte, más cándida soy conmigo misma.
Así te cuento que hoy fue un día ciertamente normal, exceptuando algunos hechos confusos que le injertan cierto dinamismo. Finalizado el colegio, me subí pusilánime a mi bicicleta celeste de los “hippientos” años setenta, que siempre atrae algunas miradas en la calle, y pedaleé hasta mi clase de piano. No fueron muy dichosas, puesto que el estudio de esa semana había sido nulo, así que tuve que repasar lo ya “aprendido”. Al volver a mi casa, del agotamiento (honestamente, injustificado), mi único propósito fue lanzarme a la amplia cama de mis padres y hacer una sesión perezosa de la recientemente adquirida temporada de la serie “Two and a Half Men”, que me causa inevitables risas. Al prender la tele, alcancé a ver un poco las noticias. Mostraban a través de alarmadas periodistas con mascarilla la tragedia que ocurrió en Chaitén, donde un volcán hizo erupción, y el gobierno evacuó como medida inmediata a la reducida población de la región. ¡Qué triste! La vista del lago esmeralda cubierto de cenizas, seguido por un humo asfixiante que desbordaba con brutal energía de un volcán prominente, fue espeluznante.
Bueno, no alcancé a reflexionar mucho más, pues en seguida recibí una llamada urgente de la Fran. Me decía jadeante que no nos íbamos mañana a la playa, sino hoy día. Hasta ahí llegaron mis planes flojos. Tuve que correr a hacer la maleta y repasar “flash” las cosas necesarias para un fin de semana de cuatro días con siete amigas en Papudo.
Aquí me encuentro ahora. Llegamos sanas y salvas con el hermano grande de la Fran que, debo decir, en algunas curvas me hacía tocar la garganta con mi estómago.
Y ahora te dejo, voy a recibir a unos amigos que acaban de llegar. Estoy agotada aún, asi que pretendo saludarlos fugazmente y dirigirme a la cama. ¡Hasta mañana!

Jueves, 1 de mayo del 2008

Querido Diario:
¿Recuerdas que te dije que ayer estaba cansada? No sé qué pasó, pero resulta que me quedé hasta altas horas de la noche sumida en un juego estúpido en la salita, con estos amigos que te conté. ¡Qué barbaridad! En fin, no dejé de pasarlo bien, claro.

Nos levantamos bastante tarde a recibir al resto del grupo que llegaba. Algunas prepararon unos tallarines con salchichas (y según lo que veo en la cocina, lo comeremos seguro reiteradas veces) y bajo las luces tenues de un día nublado hicimos responsablemente tareas del preuniversitario, colegio, en fin, todas esas cosas que no componen necesariamente un deleite.


"Huasamente" introducimos una vela del depto en una torta traída por la cumpleañera misma (con estas amigas...) y le cantamos un buen "cumpleaños feliz" a la querida, acompañado por su puesto con todos los cantos júbiles ursulinos.

Pero, ¡llegó la noche! Y nos estamos preparando para salir. Destino: Los Troncos. Cómo irse: Señor Pablo, taxista que amablemente aceptó un acarreo colectivo por dos mil pesos per cápita. ¡Fin de semana resuelto!

Viernes 2 de Mayo, 2008
Diario:

¡Qué sueño! Ayer en Los Troncos se me cerraban los ojos. La noche me pareció larga.
En el día, muy pasivas leímos algunas con desconcentración Crimen y Castigo, otras Madame Bovary o Ana Karenina. En mi caso, el primero. La letra diminuta, casi ininteligible y una densidad psicológica fulminante, no componían la mejor combinación en un ambiente volátil, risueño, flan.

Sábado 3 de Mayo,2008

Diary:

Estoy cansada. Aprovecho unos minutos de luminosidad mental para escribirte, antes de que todas despierten. Cuando la noche es tan larga y se hace tan corta, la mañana te despierta. No sé bien la razón. Un bulto casi muerto yace al lado mío en la extensa cama que, por llegar el miércoles, pude reservar. No pienso ir a lavar la cocina...si bien despierta, no tengo la determinación de limpiar la palta que el bulto esparció ayer al llegar, con el propósito de saciar el estómago festejado. No gracias (Aunque, tambien tengo cierta culpa en el desastre de la mermelada).

Hoy me vuelvo a Santiago. Mañana no. Otra noche no me da. Además, quiero ir al cine.
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No puedo sanar mis ojos aún. "Mi nombre es August Rush"; me empujó la varilla del diablo a la sala de cine en que proyectaban esa película, y mis bufidos y resoplidos que inevitablemente desprendía luego de cada inverosímil y cliché malgestada escena, generaron seguramente un odio por parte del público, CURIOSAMENTE ENCANTADO con la mounstruosidad. Creé sin vacilar ni voluntariamente un inmediato prejuicio hacia todo aquel que habla pro-august. Lo único que rescato de las pestilentes aguas cinéfilas de esta creación, es la "Buenmozidad" del padre del niñito.
Frase inicial de la película: "Music ish everywhere... You just have to listen", junto con un campo de trigo moviendose al compás de las manos de un niño que necesita serias orientaciones vocacionales. Empezamos mal. Terminó peor.
Bueno, tal vez exagero.


Domingo 4 de Mayo, 2008

Mi domingo consistió en criticar a August Rush, estudiar y visitar a Dios.

martes, 6 de mayo de 2008

Ella de blanco


Los blancos matices que difuminaban la vista en tan extenso campo, durante las cuatro semanas incomunicadas que Ella pasó con su madre, fueron duros, y para un perfil de clase alta, acostumbrada a una vida cómoda, satisfecha y elegante, un invierno campestre de tal magnitud lo es el doble; debe prender chimeneas, a pesar de que no calienten adecuadamente la casa; debe cuidar las gallinas de bestias salvajes que irrumpen miedo y desconfianza, preocuparse de los quehaceres de la casa en condiciones climáticas deplorables. Aún es estos casos, Ella Brunswick, aliviada con el pensamiento de que su situación no es la peor, encarna un pensamiento positivo ejemplar. Si bien sus raíces apuntan a un estilo diferente de vida, logra relucir por entre las tibias brazas de un invierno, el mejor aspecto.
Por otro lado, se denota en esta carta escrita a su madre el 23 de septiembre de 1923, una clara importancia a la familia. Constantemente la joven alemana alude a sus hijas; en qué situación se encuentran con todo lo que está pasando, y mantiene a su progenitora al tanto de lo que hacen, cómo se entretienen, y lo bien que se hallan. Relata que las niñas se divierten patinando sobre hielo, y que juegan en un rincón sin manifestar quejas. Dice también, que “se han adaptado totalmente a esta vida, aprendieron muy pronto a hacer fuego”, con lo que nos damos cuenta que las pequeñas viven bien, tranquilas. Ella les enseña, y cree que este aspecto es muy importante. De alguna manera aquí se reluce la personalidad instruida y cultural que posee la madre, proveniente de una clase privilegiada, al darse cuenta de la relevancia que posee, a pesar de las inhóspitas circunstancias, que las niñas aprendan. Asegura que ello prevalecerá, diciendo "Por ahora las gemelas han de permanecer alfabetas, (...) pero esta situación mejorará".