Papaíto piernas largas:
Tú eres un tanto ficticio, un tanto real, un poco reluciente, un poco apagado. Tienes mi carta en las manos, y antes la tuve yo. Tienes un carácter que aún no descubro, pero me descubro a mí misma escribiéndote; supongo que eso me acerca a ti.
Tu nombre esta manchado por mi poco educado trazo, en este sobre relativamente naranjo; un tanto rojo y un tanto blanco.
Pedro Salinas me dijo a mí, lectora de su gran público, que pueden haber destinatarios amplios, varios y extensos. Pero yo creo que esta carta va únicamente para ti. Mucho de ti no sé: que te envuelves en los alrededores ricos y eres alto. Sin embargo, esta esquela está garabateada sólo para tus ojos; un tanto incógnitos, un tanto claros. De alguna manera, escribiendo, me complemento contigo, sin ni siquiera conocerte, y en eso no veo más de dos destinatarios: tú, con tu nombre escrito, y yo, con tu nombre complementada.
Aunque creo que hablo mucho de mí cuando te escribo, me cabe pensar que me escribo más a mí misma. Para ti, quizá mis volátiles palabras no son más que un tiquismiquis en tu vida, un tanto corteses, un tanto confiados, que van y vuelven a ir hacia tus manos.
Quién sabe como lo ves tú, pero para mí, yo escribo y tú lees para ambos.

